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México: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos

VLADISLAV GULEVICH 


¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!” Esas palabras fueron dichas por el presidente mexicano Porfirio Díaz (1830-1915) y permanecerán vigentes en la medida que los políticos estadounidenses se mantengan fieles a las ideas del expansionismo anglosajón basadas en la Doctrina Monroe y en las ideas del Destino Manifiesto acuñadas por O’Sullivan.

México es el vecino más cercano y más débil de EEUU. México ha sido víctima muchas veces de semejante vecindad. La intervención estadounidense de 1846 a 1848 ocupa un lugar especial en la memoria de los mexicanos. Nos hemos acostumbrado a llamarla la Guerra México-EEUU. La lejanía histórica y geográfica de aquellos eventos dificulta evaluar el daño infligido sobre México por las acciones de combate y los beneficios geopolíticos alcanzados por EEUU. A consecuencia de la guerra, los antiguos estados mexicanos de Utah, Arizona, Nevada, California y Nuevo México fueron incorporados a Estados Unidos. Texas había obtenido la independencia de México un poco antes y se había unido a Estados Unidos antes del inicio de la guerra. Todas esas tierras habían sido tierras soberanas de México y despertaron los apetitos expansionistas en la comunidad norteamericana que ya se había dado cuenta que “lo que no está bien cuidado hay que agarrarlo”.

Los problemas comenzaron con Texas. Los colonos anglosajones se trasladaron más hacia el oeste y gradualmente se asentaron en las tierras que en esa época eran mexicanas. Esta corriente creció considerablemente después que Estados Unidos compró la Luisiana a Francia. Muchos estadounidenses blancos abandonaron la Luisiana y se instalaron en Texas en las nuevas tierras. Alrededor de 1830 había unos 30.000 estadounidenses en Texas. Era una compleja relación entre los mexicanos católicos y los anglosajones protestantes. Estos abiertamente expresaban su descontento con las leyes mexicanas. Exigían una mayor libertad política y económica. Incluso la abolición de la esclavitud en México provocó la indignación de los dueños de esclavos en Texas, como también la prohibición de la migración desde EEUU hacia las áreas fronterizas de México. No es extraño que estallara la guerra de independencia de Tejas el año 1836. México fue derrotado. Los tejanos obtuvieron un apoyo considerable de EEUU, lo que determinó de antemano la correlación de fuerzas. México aceptó la independencia de Texas con la condición que Texas permaneciera como república independiente, como “estado tapón” entre ambos vecinos. Aun así, Tejas fue absorbida por EEUU.

Esto fue solo el comienzo. La frontera México-Texas no quedó estrictamente delimitada. Washington pretendía que se fijara más hacia el interior de México, algo que era inaceptable para los mexicanos. Entonces Washington decidió recurrir a la fuerza. Para disimular sus intenciones, inició conversaciones con el propósito de comprar una parte de territorio mexicano. Los diplomáticos norteamericanos exigieron que México pagara una compensación por los daños ocasionados durante la guerra a la propiedad de ciudadanos estadounidenses, calculados en unos 60 millones de dólares. En caso que incumplimiento, Washington sugirió que adquiriría los estados de California y Nuevo México por 25 y 5 millones de dólares respectivamente. Nada de esto prosperó. Por otra parte, México exigió la devolución de Texas. Sin pensarlo dos veces, Washington tomó la decisión de emplear la fuerza y su ejército cruzó la frontera mexicana ocupando los territorios en disputa. El gobierno mexicano exigió la retirada de las tropas norteamericanas pero Washington no retrocedió y además bloqueó los puertos mexicanos. México no tuvo otra alternativa que hacer la guerra, que terminó en una catástrofe. El país perdió 1’3 millones de kilómetros cuadrados de tierra (casi la mitad de su territorio). Una oleada de fervor patriótico se desató en EEUU.

Después de la guerra muchos comenzaron a ver con seriedad las palabras de 0’Sullivan acerca del Destino Manifiesto, lo que significa que EEUU fue elegida entre otras naciones, por inspiración divina, para una misión en el mundo. México, reducido a la mitad, se convirtió en un niño obediente en las manos de Estados Unidos. El fantasma del dolor causado por esa injusta derrota sufrida hace mucho en la historia es todavía fuerte en la sociedad mexicana. En el Parque de Chapultepec, en Ciudad de México, hay un monumento en honor a seis cadetes que se lanzaron al vacío desde las murallas del palacio para evitar ser prisioneros de los invasores estadounidenses. El mayor de ellos tenía 19 años. Las aspiraciones revanchistas se mantienen fuertes entre los mexicanos, pero la dependencia absoluta de Washington de las elites políticas mexicanas impide que este sentimiento adquiera formas de movimiento público masivo.

Del mismo modo, la política migratoria de EEUU exaspera a los mexicanos. Como es sabido, la frontera México-Estados Unidos es de 3.100 kilómetros de largo. Miles de personas la han cruzado en busca de trabajo. En el año 2006 el Congreso de EEUU aprobó la construcción de un muro de 1.100 kilómetro de largo. Numerosos guardias fronterizos lo patrullan. Su misión es detener a aquellos que lo cruzan ilegalmente. El muro (del cual los turistas alemanes se ríen) hace que la travesía sea mucho más difícil. Muchos inmigrantes ilegales mueren en el desierto debido al calor, al frío, hambre y serpientes. EEUU, que es una nación de emigrantes, ha comenzado a odiar a aquellos que vienen de otros países. La segunda, tercera o quinta generación de inmigrantes se niega a brindar a otros la oportunidad de hacer lo que hicieron sus antecesores. No hace mucho, durante la época de la Unión Soviética, Washington lanzó una campaña contra Moscú por no permitir la migración desde Rusia. Ese espectáculo ya terminó. Aquellos que agitaban la libertad de migración ahora crean problemas en el camino de aquellos que desean emigrar desde los países del espacio postsoviético.

La migración desde México es un caso especial. Los mexicanos tienen derecho moral para vivir en Utah, Arizona, California, Texas y Nevada. Hace solo un poco más de cien años esa tierra les pertenecía. Sus antecesores vivieron aquí cientos de años y amistosamente y de buena voluntad amistosamente dejaron que los primeros anglosajones de asentaran allí. Los colonos tenían incluso el derecho de comprar tierra a precios baratos y las facilidades de pago estaban garantizadas. Tan pronto como el número de colonos alcanzó a varias docenas de miles, Washington organizó una farsa política con el objeto de reconocer la soberanía de Texas y, posteriormente, invadir la mitad del territorio mexicano. Texas fue utilizada como cabeza de playa para penetrar a fondo en el territorio. No olvidemos que el pretexto formal para la mayor ofensiva contra México fue el descontento de Washington respecto de la delimitación de la frontera.

Vamos a hacer un paralelismo con el llamado “problema del Cáucaso” sobre el que la comunidad de analistas de EEUU se ocupa activamente hoy en día. Las comparaciones son más que propicias toda vez que Washington no está satisfecho con las actuales fronteras entre las “repúblicas del Cáucaso” de la Federación Rusa. Los autores ensayistas políticos y expertos en geopolítica plantean cambiarlas casi en forma de ultimátum.

Bruselas decidió bailar al ritmo de EEUU de la misma manera en que Londres y París reconocieron a Texas el año 1836 creando así las condiciones previas para la futura guerra; en 1845 ellos trataron de disuadir a México de una resistencia armada con el objeto de derrotar el dictado [colonial] de Washington. El comportamiento de otros países europeos está muy lejos de sentar un ejemplo en cuanto a ser capaces de plantear algo nuevo o demostrar adhesión a la democracia. De la misma manera que en 1845 toda Europa siguió a Francia y Gran Bretaña deseando que México hiciera como decían París y Londres hoy en día Bruselas habla el mismo lenguaje de Washington y la OTAN. Washington exige a Rusia que de manera inmediata reciba a varios cientos de miles de caucasianos desde Siria, Jordania, Israel, Turquía y de otros países porque históricamente ellos vienen del Cáucaso. Nadie lo discute y nadie dice que ese no es el caso. La evacuación de 32 familias de Adyghe, en el Kosovo asolado por la guerra en los años 90, demuestra el hecho que Rusia está preparada para satisfacer los intereses de los caucasianos extranjeros. En la actualidad, el posible movimiento de circasianos y chechenos desde Siria es un problema que está en el orden del día.

Pero, ¿qué ha hecho EEUU por los mexicanos que históricamente vienen de los estados sureños? ¿Alguna vez un político ha planteado el problema de la repatriación de los mexicanos a la tierra de sus antepasados, tierra que fue arrebatada por Washington? No. La idea nunca se les ha ocurrido. Al contrario cada vez ponen más dificultades para que “los mexicanos se conviertan en mexi-americanos viviendo en Estados Unidos”, desde lo diplomático (visado, papeles) hasta lo físico (el muro que separa a EEUU de México equipado con tecnología punta en detectores y patrullas fronterizas).

Washington le exige a Moscú que provea adecuadas infraestructuras sociales para los circasianos que deseen vivir en Rusia. Dicho sea de paso, el 50% y tal vez más, de las repúblicas circasianas viven de donaciones. Así que no hay manera de acomodar a los recién llegados sino con dinero del presupuesto federal.

Al mismo tiempo, Washington recurre constantemente a razones económicas y sociales para justificar sus planes para reforzar la frontera con México. Sostiene que los problemas son causados por el enorme número de inmigrantes provenientes de América del Sur. Además, los sociólogos y los estudiosos políticos tocan la alarma en torno al cambio cultural de la América Anglosajona. “850.000 estudiantes universitarios estudian español en comparación con 210.000 que estudian francés y 198.000 alemán. Alrededor de 40 millones de ciudadanos estadounidenses hablan el español con fluidez; cuatro millones de estadounidenses blancos se expresan con facilidad en español y se comparan en número con los niños nacidos de familias latinas en el territorio de EEUU, que superarán en número a las familias afroamericanas y anglosajonas y llegarán a ser el 30% de los recién nacidos el año 2050. El cambio del paradigma mental ha provocado un aumento en el interés por el idioma español entre los estudiantes norteamericanos(1). Las dinámicas étnicas y demográficas demuestran que el problema de la migración debería ser tratado tomando en consideración todos los aspectos correspondientes desde la cultura hasta la economía. La incapacidad para manejar este proceso puede instigar un levantamiento social.

Parece que la instigación del problema social de origen étnico en el Cáucaso responde a los interese occidentales. De lo contrario ¿cómo podríamos explicar los enormes flujos financieros de las fundaciones estadounidenses humanitarias para que las organizaciones caucasianas en el extranjero den a conocer la “verdad histórica” y el hecho de que los comentarios de los analistas extranjeros siempre tengan enfocada su atención hacia Rusia y el Cáucaso?

Si la comunidad circasiana permite a estas organizaciones extranjeras continuar con su labor y llevar la iniciativa, definiendo el tono emocional y político, entonces habrá que exclamar: “¡Pobre Circasia, tan lejos de Dios y tan cerca de Occidente!”.


NOTA

(1) Alberto Buela. Hispanics Throw the Gauntlet to Anglo-Saxons, www.segodnia.ru 04.04.2011

(*) Vladislav Gulevich es miembro de la Fundación de la Cultura Estratégica

[http://www.nodo50.org/ceprid/]

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